Durante años pensé que un Profesor Pokémon era una profesión que solo existía si uno vivía en Pueblo Paleta, tenía un laboratorio sospechosamente bien financiado y consideraba razonable entregarle un animal capaz de lanzar fuego a un niño de diez años para que se fuera solo por el país.
Profesor Oak.
Profesor Elm.
Profesor Birch.
Gente con bata, laboratorio y una tranquilidad extraordinaria frente al concepto de menores de edad organizando peleas entre criaturas eléctricas.
Resulta que no.
Los Profesores Pokémon existen de verdad.
Y en el Mundial Pokémon de 2026, celebrado en San Francisco, había alrededor de 300 trabajando en el evento. Adultos de distintos países que llegaron a un centro de convenciones para arbitrar partidas, enseñar reglas, organizar torneos, solucionar problemas técnicos y, en algunos casos, intervenir cuando un competidor se emberracaba porque una decisión reglamentaria no salió como esperaba.
Lo maravilloso no es solamente que existan.
Es que Profesor Pokémon es realmente el nombre del cargo.
Usted puede tener contador, odontólogo y Profesor Pokémon en la misma declaración de renta familiar y nadie estaría mintiendo.

Para ser Profesor Pokémon también toca estudiar
Aquí viene la parte que transforma el chiste en algo muchísimo mejor: no basta con haber visto 700 capítulos del anime y saber que Pikachu es amarillo.
Hay que aplicar.
El programa oficial exige que los Profesores sean mayores de 18 años. Dependiendo del rol, pueden certificarse como organizadores, jueces del juego de cartas, jueces de videojuegos, jueces de Pokémon GO o instructores para enseñar a jugar. Pokémon incluso tiene un sistema llamado Professor University, con certificaciones y distintos niveles de formación.
Y esas pruebas no son una formalidad para que todo el mundo salga contento con diploma.
En febrero de 2026, por ejemplo, la certificación inicial mostraba una tasa de aprobación de alrededor del 61%. Había miles de personas certificadas como organizadores y jueces en distintas disciplinas, y la comunidad oficial superaba los 14.000 miembros. Dos meses después ya reportaba más de 17.000.
O sea que existe la posibilidad perfectamente real de llegar a la casa y decir:
—¿Cómo te fue?
—Perdí el examen.
—¿Cuál?
—Profesor Pokémon.
Y que la siguiente pregunta sea:
—¿Vas a presentarlo otra vez?
Porque aquí respetamos las carreras profesionales.

Y antes de entregarle autoridad sobre Pikachu revisan sus antecedentes
Pokémon además puede exigir verificación de antecedentes, especialmente porque muchos de estos voluntarios trabajan en eventos donde participan menores de edad. La propia organización explica que realiza controles regulares y aleatorios y que, en los países donde corresponde, los aspirantes deben aprobar el proceso antes de ejercer determinadas funciones.
Esto significa que convertirse en Profesor Pokémon puede involucrar solicitud, certificación, evaluación de conocimientos, normas de conducta y antecedentes.
Más requisitos que algunos cargos públicos.
Y tiene toda la lógica. Porque desde afuera uno ve unas cartas con criaturas sonrientes y piensa que aquello es básicamente recreación infantil con colores.
Después entra al competitivo y descubre que hay reglamentos, procedimientos, apelaciones, resultados oficiales, sanciones y adultos capaces de discutir con la intensidad de un abogado tributario porque alguien interpretó mal el efecto de una carta.
Ahí aparece el profesor.
No para decir:
“Pikachu, yo te elijo”.
Sino:
“Señor, baje la voz”.

El profesor que usted pidió ya es la supervisora
The Guardian habló con Gemma Byard, una jueza principal que llegó al programa después de que su hijo empezara a competir en el juego de cartas. En el Mundial, su trabajo incluía revisar que los resultados estuvieran correctamente registrados, que los jugadores firmaran sus comprobantes y que el recinto fuera seguro.
También le tocaba manejar gente molesta.
En una ocasión, un jugador no quedó contento con una decisión y exigió hablar con la jueza principal.
Byard tuvo que explicarle, en esencia:
“Papi, soy yo”.
No es una reconstrucción completamente inventada: ella contó que el jugador respondió que no quería hablar con ella sino con el head judge, sin saber que ya estaba hablando precisamente con la máxima autoridad arbitral.
Eso me parece bellísimo porque finalmente demuestra que Pokémon alcanzó la madurez institucional completa.
Ya tiene la escena universal de cualquier oficina:
—Quiero hablar con su supervisor.
—Yo soy el supervisor.
Solo faltaba eso.

Hay gente viajando por el mundo para hacer esto
Otro detalle maravilloso es el nivel de compromiso. Algunos Profesores Pokémon pasan de organizar torneos locales a trabajar en campeonatos regionales y eventualmente en el Mundial.
Evelyne de Groot, por ejemplo, viajó desde Países Bajos para trabajar en San Francisco. Había empezado ayudando a organizar competencias en su región y terminó formando parte del equipo del campeonato mundial. En 2026 trabajó también en un evento del juego de cartas dedicado a mujeres y personas no binarias.
Ella compara buena parte del oficio con atención al cliente.
Y tiene sentido.
Hay que conocer las reglas, explicarlas bien, organizar gente, solucionar problemas y conseguir que todos disfruten la experiencia.
Solo que el cliente puede acercarse y preguntar algo como:
“Si mi Charizard tiene esta habilidad activa y uso esta carta después de evolucionar, ¿qué ocurre?”.
Y usted no puede responder:
“Mi hermano, yo tampoco sé qué está pasando”.
Usted es el Profesor.
Compórtese.

Ni siquiera es exactamente un trabajo normal
La mayoría pertenece a una comunidad que Pokémon describe como voluntaria. La forma de compensación puede variar según el evento y la región. Profesores entrevistados por The Guardian hablaron de mercancía exclusiva, apoyo con viajes y alojamiento en ciertos casos, y pagos en algunos torneos estadounidenses; The Pokémon Company no quiso establecer públicamente una regla general sobre cómo se compensa a todos.
Eso vuelve el asunto todavía más interesante.
Hay personas que terminan utilizando vacaciones, fines de semana y una cantidad respetable de energía mental para asegurarse de que otros adultos puedan combatir correctamente con monstruos imaginarios.
Y lo digo con profundo respeto.
Porque todas las comunidades que sobreviven durante décadas tienen gente así.
El tipo que organiza.
La señora que sabe las reglas.
El que llega temprano.
La que monta las mesas.
El que conoce el sistema.
La persona que, cuando dos participantes están a punto de formar un mierdero por una interpretación reglamentaria, aparece y dice:
—No. Eso funciona así.
Sin esa gente no existe el hobby.
Existe un grupo de huevones con cartas.

Quizá Profesor Oak sí tenía un trabajo bastante serio
Desde afuera, Pokémon sigue siendo una franquicia donde criaturas con nombres adorables se revientan entre ellas mientras sus dueños gritan instrucciones.
Pero alrededor de eso existe una comunidad competitiva gigantesca que necesita exactamente las mismas cosas que cualquier deporte organizado: reglas, jueces, eventos, formación y personas dispuestas a hacer el trabajo aburrido para que los demás puedan divertirse.
Ahí es donde los Profesores Pokémon dejan de ser una curiosidad.
Son infraestructura humana.
Solo que con una camiseta roja de Pikachu.
Y me encanta pensar que alguno de esos 300 adultos llegó a San Francisco, hizo migración, recogió la maleta, entró al hotel y quizá recibió la típica llamada familiar:
—¿Llegaste bien?
—Sí.
—¿Y mañana qué haces?
—Trabajo en el Mundial.
—¿De qué?
Silencio breve.
—Profesor Pokémon.
Marica, qué vida tan bonita puede tener uno cuando decide tomarse completamente en serio las cosas que le gustan.


TODAVÍA NADIE HA FIRMADO. PUEDES SER EL PRIMERO.