Imagínese que le ofrecen escribir una nueva novela de Miss Marple.

Primera reacción: no joda, qué honor.

Segunda reacción: no joda, qué problema.

Porque una cosa es matar a un personaje propio. Usted lo inventó, usted sabrá qué hizo el pobre hijueputa para merecer semejante final. Otra muy distinta es recibir las llaves de uno de los personajes más famosos de la literatura policial, creado por Agatha Christie, leído durante casi un siglo y administrado por una empresa que literalmente existe para cuidar que nadie llegue una mañana inspirado y decida que Miss Marple ahora practica crossfit, tiene novio de treinta y cuatro años y resuelve asesinatos junto a Hercule Poirot en Ibiza.

Eso es más o menos el trabajo que aceptó Lucy Foley con Murder at the Grand Alpine Hotel, publicada este septiembre. Es la primera novela completa nueva protagonizada por Miss Marple desde Sleeping Murder, que apareció en 1976, después de la muerte de Christie. Hubo nuevas historias cortas autorizadas en 2022 —la propia Foley escribió una—, pero una novela era otra cosa: cincuenta años después alguien volvía a sentar a Jane Marple frente a un cadáver y tenía que conseguir que los lectores creyeran que aquella señora seguía siendo ella.

No hay presión.

Puerco Motel

Usted puede jugar con la señora, pero no me la dañe

Cuando Foley recibió el proyecto volvió a leer las novelas de Marple obsesivamente, algunas alrededor de cuatro veces. Quería recuperar a la mujer de los libros y no simplemente imitar las versiones de televisión: una señora mayor, sí, pero mucho más ágil de lo que cierta memoria popular recuerda, con humor seco, capacidad para hacerse la invisible y una comprensión de la naturaleza humana que básicamente consiste en asumir que cualquier vecino amable puede haber enterrado a alguien detrás de los rosales.

Y entonces aparecen las reglas.

Foley contó que el patrimonio de Christie había establecido ciertas líneas para Miss Marple: no meter a Poirot, no darle un interés romántico, no rejuvenecerla, no convertirla en asesina y, por favor, tampoco matarla.

Me encanta que algunas necesiten escribirse.

Uno entiende “no Poirot”. Christie nunca cruzó a sus dos grandes detectives y meterlos juntos ahora sería como esperar a que muera el dueño de dos restaurantes y abrir un buffet con ambos menús.

Pero que alguien haya tenido que contemplar:

“Importante: Miss Marple no puede ser la asesina”.

significa que en algún momento existió, aunque fuera como posibilidad teórica, la reunión donde un abogado dijo:

—Dejemos eso claro.

Y alguien anotó.

Porque así funciona resucitar personajes ajenos. El escritor recibe libertad creativa dentro de una habitación donde algunas puertas están soldadas.

Usted puede jugar con la señora, pero no me la dañe

Agatha Christie murió, pero Recursos Humanos sigue activo

Agatha Christie murió en 1976. Agatha Christie Limited, en cambio, está perfectamente viva.

La propia Christie creó la compañía en 1955 para administrar sus obras. Hoy la dirige su bisnieto James Prichard y continúa gestionando los derechos literarios y audiovisuales de su catálogo alrededor del mundo.

Eso produce una situación literaria muy extraña. La autora ya no puede llamar y decir:

—Lucy, esa vaina no me gustó.

Pero existe toda una arquitectura legal y familiar capaz de transmitir aproximadamente el mismo mensaje.

En Reino Unido, además, los derechos de autor sobre una obra literaria normalmente duran setenta años después de la muerte del autor, así que la obra de Christie sigue protegida allí y lo seguirá estando durante años.

Es decir: Miss Marple es un personaje de ficción, una señora que jamás nació, jamás pagó impuestos y jamás tomó realmente una taza de té, pero tiene administración de patrimonio.

Hay gente real con una sucesión peor organizada.

Agatha Christie murió, pero Recursos Humanos sigue activo

Lo curioso es que tampoco querían una imitadora

Aquí viene la parte verdaderamente interesante: el encargo no consistía simplemente en copiar a Christie hasta que nadie pudiera notar que llevaba medio siglo muerta.

James Prichard le dijo a Foley que quería su versión de Miss Marple, no un ejercicio de Agatha Christie por números. Foley podía aportar su propia sensibilidad; intentar falsificar por completo la voz de Christie habría sido justamente eso: una especie de falsificación elegante.

Ahí está el equilibrio hijueputa.

Sea usted.

Pero no demasiado.

Escriba algo nuevo.

Pero no cambie lo importante.

Sorpréndanos.

Pero no se embale.

Es como prestar un carro clásico:

—Úselo, disfrútelo, sáquelo a carretera.

—¿Le puedo cambiar el motor?

—No.

—¿Pintarlo?

—No.

—¿Ponerle turbo?

—Menos.

—Entonces ¿qué hago?

—Maneje bonito.

Foley terminó llevando a Marple a un hotel de lujo en los Alpes suizos en 1950, aislado por una tormenta, con cadáver incluido porque una señora puede irse de vacaciones pero si se llama Jane Marple estadísticamente alguien termina muerto antes del postre.

Agatha Christie murió, pero Recursos Humanos sigue activo

Los personajes famosos nunca se jubilan

Christie no es un caso aislado. Hercule Poirot también sobrevivió comercialmente a su creadora: Sophie Hannah comenzó en 2014 una serie de novelas autorizadas con el detective belga y ha seguido publicándolas con aprobación del patrimonio.

Esto plantea una pregunta medio incómoda y bastante buena: ¿en qué momento un personaje deja de ser solamente una creación literaria y se convierte en algo parecido a una franquicia administrada?

Porque Miss Marple pertenece culturalmente a millones de lectores que sienten que saben cómo habla, cómo piensa y qué jamás haría. Pero legalmente esos lectores no deciden una mierda.

Decide quien controla los derechos.

El escritor nuevo entra entonces a una casa donde todo el mundo cree conocer mejor al muerto que la construyó.

Si cambia demasiado al personaje, traicionó el original.

Si no cambia nada, ¿para qué escribió otro libro?

Si imita perfectamente a Christie, parece ventrílocuo.

Si suena demasiado a Lucy Foley, alguien va a preguntar quién dejó entrar a esa mujer.

Trabajo tranquilo.

Los personajes famosos nunca se jubilan

Escribir con un fantasma sentado detrás

Tal vez por eso este proyecto es más interesante que la simple pregunta de si la nueva novela “es buena”.

Foley no estaba escribiendo solamente una historia policial. Estaba negociando con una voz muerta, una compañía viva, una familia, unas reglas, un mercado y lectores que llevan décadas imaginando que Miss Marple también les pertenece un poquito.

Eso cambia la idea romántica del escritor encerrado solo frente a la página.

Aquí hay otra gente dentro del cuarto.

Agatha Christie está metafóricamente detrás del hombro.

James Prichard tiene las llaves.

Los abogados conocen los límites.

Los fanáticos están mirando.

Y Miss Marple, que no existe, paradójicamente es la persona a la que menos se puede incomodar.

Quizá esa sea la verdadera rareza de los personajes que sobreviven demasiado bien a sus autores. Llega un momento en que ya no basta con escribirlos.

Hay que administrarlos.

Cincuenta años después, Jane Marple vuelve a investigar un asesinato.

Agatha Christie no pudo aprobar una sola página.

Pero tampoco significa que Lucy Foley estuviera escribiendo sola.

Escribir con un fantasma sentado detrás