
EL PROBLEMA NO ES NO SABER. ES HABLAR COMO SI SUPIÉRAMOS
Antes uno necesitaba leer para sentirse autorizado a hablar. Ahora bastan un micrófono, una luz bonita, una mata detrás y cuarenta y siete segundos de absoluta seguridad.
Historias, obsesiones y malas decisiones alrededor de cultura de internet.

Antes uno necesitaba leer para sentirse autorizado a hablar. Ahora bastan un micrófono, una luz bonita, una mata detrás y cuarenta y siete segundos de absoluta seguridad.

Era pequeña, vivía debajo del lavamanos y nunca se metió conmigo. Durante varios días mantuvimos una convivencia ejemplar hasta que cometí el error de contar en voz alta que en mi baño estaba creciendo una cucaracha.

En 1991 James Cameron imaginó una inteligencia artificial militar que despertaba y decidía exterminarnos. Treinta y cinco años después todavía no tenemos un T-1000 persiguiéndonos por un centro comercial, pero ya metimos IA en fábricas, ejércitos, teléfonos y prácticamente cualquier aparato que tuviera un botón libre.

Después de American Eagle llegó Novig: desnudez, millones de reproducciones, deportistas furiosas y otra guerra cultural alrededor de su cuerpo. La diferencia es que esta vez Sydney Sweeney no fue simplemente contratada para llamar la atención. Según la empresa, buscó la alianza, ayudó a construir la campaña y tiene participación en el negocio. Tal vez llevamos varios días discutiendo sobre objetificación sin mirar quién está cobrando por nuestra indignación.

Las nuevas generaciones leen peor, se distraen más y están cambiando su relación con el trabajo, el liderazgo y el sacrificio. La ciencia no permite llamarlas “más brutas” ni “más perezosas”, pero tampoco obliga a fingir que no hay un patrón raro ocurriendo frente a nuestras narices.

Internet convirtió playas, guerras, partos, funerales y rupturas amorosas en material para publicar. Ahora algunos creadores están intentando hacer lo mismo con personas cuya decisión más clara ha sido precisamente esta: déjennos quietos.

Australia acaba de proponer algo rarísimo para 2026: que una red social tenga que preguntarle al usuario si quiere ver lo que recomienda una máquina o solamente a la gente que él decidió seguir. Parece un ajuste de configuración. En realidad toca el corazón del negocio.

La propaganda extremista está aprendiendo a parecerse menos a propaganda y más a cualquier cosa que uno compartiría sin pensar dos veces: anime, memes, fan edits y basura visual generada por IA.