Esta noche, sentado en Los Cristales mientras la Filarmónica de Cali tocaba Romeo e Giulietta de Nino Rota, me dio por pensar en una cosa muy seria y absolutamente necesaria durante un concierto sinfónico: qué hijueputa mierdero sería esta historia si esos dos pelados hubieran nacido en 2008.
Porque uno escucha esa música hermosa, grande, romántica, como si el amor fuera una fuerza capaz de detener ejércitos, y después recuerda lo que realmente ocurre en la obra: dos adolescentes se conocen, se gustan inmediatamente, se casan a escondidas y terminan muertos en cuestión de días porque todos los adultos alrededor toman decisiones con la serenidad de un grupo de WhatsApp familiar a las tres de la mañana.
La gente dice: “antes sí se amaba”.
No, hermano.
Antes también había pelados intensos. Lo que no había era visto.

Romeo venía destruido por otra vieja esa misma mañana
Aquí hay un detalle maravilloso que el romanticismo decidió esconder debajo de la alfombra: cuando comienza la obra, Romeo no está enamorado de Julieta.
Está vuelto mierda por Rosalina.
El tipo anda caminando por Verona como cantante de baladas después de un divorcio, hablando del amor, del sufrimiento, de la crueldad femenina y de que probablemente nunca volverá a sentir nada parecido. Sus amigos, cansados de aguantarlo, hacen lo que cualquier combo haría seis siglos después: “Hermano, deje de joder. Vamos a una fiesta”.
Y van a la fiesta de los Capuleto.
Romeo entra despechado por Rosalina, ve a Julieta y aproximadamente siete minutos después el amor anterior desapareció como suscripción gratuita después del primer mes.
Hoy sería extraordinario. Romeo llevaría todo el día publicando historias negras con canciones de Feid y frases como “a veces darlo todo no es suficiente”. Rosalina obviamente estaría en Mejores Amigos porque toda historia triste tiene un destinatario aunque uno finja que es reflexión personal. A las 10:47 llega a la fiesta. A las 10:53 ve a Julieta. A las 11:02 borra la historia de Rosalina. A las 11:18 ya le escribe a un amigo:
—Marica, nunca había sentido esto.
—¿Y Rosalina?
—¿Quién?
Mi hermano, usted hace dos horas estaba considerando meterse a un monasterio.

El balcón hoy sería una investigación digital completa
La escena del balcón se volvió una de las imágenes más románticas de la cultura occidental, aunque si uno le quita la poesía queda algo más sencillo: un man que conoció a una pelada esa noche se metió de madrugada a la propiedad de la familia de ella y se quedó debajo de la ventana escuchándola hablar sola.
Cualquier abogado moderno recomendaría bajarle un poquito al romanticismo.
Pero hoy Romeo ni siquiera tendría que saltar una pared. Antes de que Julieta llegara a la casa ya habría encontrado el Instagram, TikTok, LinkedIn del papá y probablemente una foto del bautizo de 2012. Le manda follow. Ella espera once minutos para aceptarlo porque responder inmediatamente “se ve necesitada”. Él revisa si tiene novio. Ella revisa a quién sigue él. Después empiezan las reacciones.
Romeo: 🔥
Julieta: jajaja gracias
Romeo: de nadaaa
Tres aes. (aaa)
Eso ya es intención matrimonial.
A las dos de la mañana llevan cuatro horas hablando y Julieta escribe: “No sé por qué siento que te conozco de toda la vida”. Claro que no, mi reina. Usted no sabe ni qué desayuna ese hijueputa. Pero tiene dieciséis años y él le respondió rápido durante cuarenta minutos, que a esa edad prácticamente equivale a una hipoteca conjunta.

Los Capuleto serían el problema más pequeño
En Shakespeare, el obstáculo es que los Montesco y los Capuleto se odian. La enemistad es tan antigua que ya nadie parece tener claridad de por qué empezó. Eso sí envejeció perfectamente: todas las familias tienen una pelea que comenzó en 1987 porque una tía dijo algo en un cumpleaños y ahora hay quince personas que no se hablan.
Pero hoy Romeo tendría enemigos peores.
Las amigas de Julieta.
Ella manda una captura al grupo:
“Amigas, estoy hablando con este man”.
En menos de veinte minutos arranca una investigación que la Fiscalía debería contratar. Una encuentra a Rosalina. Otra descubre una foto de Romeo abrazando a una vieja en 2025. Otra detecta que sigue a 1.327 personas y 894 son mujeres.
—Amiga, red flag.
—¿Por qué?
—No sé. La energía.
Caso cerrado.
Los amigos de Romeo serían igual de inútiles. Uno le diría: “No responda todavía, espere por lo menos cuarenta minutos”. Otro: “No se enamore, disfrute”. El tercero, que lleva seis años soltero y nadie sabe por qué, sería nombrado inmediatamente consultor principal de relaciones.
Antes las familias llevaban espada.
Ahora llevan capturas de pantalla.
No sé cuál método destruye una relación más rápido.

Fray Lorenzo tendría un podcast y sería peligrosísimo
Luego aparece Fray Lorenzo, un adulto que escucha a Romeo explicar que conoció ayer a una muchacha de la familia enemiga y decide ayudarlo a casarse en secreto.
Uno vuelve a leer eso siendo adulto y la pregunta cambia completamente. Ya no es “qué amor tan grande”. Es:
¿Dónde estaba Bienestar Familiar?
Hoy Fray Lorenzo sería uno de esos manes con micrófono grande, luces cálidas y un podcast llamado Masculinidad Consciente. Romeo llega:
—Bro, llevamos treinta y seis horas hablando, pero siento que es ella.
Fray Lorenzo cierra los ojos.
—Honra esa sensación.
No, padre. Dígale que espere.
—El universo pone personas en nuestro camino.
No, señor. Esa pelada tiene catorce años.
—No vivas desde el miedo.
Hijueputa, ¡viva un poquito desde la prudencia!
Pero no. En la obra original decide casarlos porque piensa que semejante jugada podría reconciliar a las familias. O sea que dos adolescentes hormonalmente descompensados fueron convertidos en misión diplomática.
Después nos sorprende que salga mal.

Mercucio moriría por responder una indirecta
Teobaldo, primo de Julieta, odia a Romeo y busca pelea. Mercucio, amigo de Romeo, termina metiéndose y muere.
Hoy esto ni siquiera necesitaría presencia física para comenzar.
Teobaldo publica una historia:
“Hay gente que entra donde no la invitan y luego se hace la víctima 😂”.
Romeo sabe que es con él pero decide “no darle atención”.
Mercucio responde:
—Diga nombres, princesa.
Se acabó la paz mundial.
Treinta mensajes después ya hay audios, insultos, capturas, dos amigos diciendo “déjenlo así” mientras secretamente esperan que no lo dejen así, y alguien manda ubicación.
Mercucio termina pagando una pelea ajena, que también es una costumbre masculina perfectamente vigente: usted puede no tener ningún problema, pero si su amigo tiene uno y hay suficiente cerveza cerca, en veinte minutos ya usted también está involucrado.

Todo termina porque nadie comunica una mierda
La recta final de Romeo y Julieta es básicamente una demostración de por qué la comunicación interna es importante.
Julieta toma una pócima para parecer muerta. Fray Lorenzo diseña un plan para explicarle a Romeo que no está muerta. El mensaje nunca llega. Romeo ve a Julieta aparentemente muerta, compra veneno y se mata. Ella despierta, encuentra a Romeo muerto y se mata también.
Dos muertos porque falló la mensajería.
Eso hoy parece imposible. Tenemos WhatsApp, Telegram, llamadas, notas de voz, correo, ubicación en tiempo real y seis plataformas distintas para avisarle a alguien que uno fue al gimnasio.
Igual saldría mal.
Fray Lorenzo:
“Romeo, URGENTE. Julieta NO murió. Es un plan.”
Un solo chulo.
Romeo tiene el celular en modo avión porque está “desconectándose para trabajar en sí mismo”.
Julieta despierta, encuentra 186 mensajes, abre Instagram primero y ve que Romeo subió una historia desde el cementerio con una canción triste.
“Qué intenso.”
Lo silencia.
Y Shakespeare pierde el tercer acto.

El amor sigue siendo el mismo; ahora tiene WiFi
Uno se burla, pero ahí está la razón por la que Romeo y Julieta sigue funcionando. A los dieciséis años todo es definitivo porque todavía no existe suficiente pasado para entender que casi nada lo es. El primer amor parece el único amor posible. Una semana puede sentirse como seis meses y que alguien tarde veinte minutos en responder puede adquirir dimensiones geopolíticas.
Romeo y Julieta no son una pareja sabia. Son dos pelados enamorados tomando decisiones de adultos con cerebros todavía en construcción.
Eso era peligroso con balcones, espadas y veneno.
Con redes sociales simplemente sería más documentado.
Hoy probablemente no morirían juntos. Se dejarían. Romeo subiría fotos entrenando con la frase “enfocado en mí”. Julieta publicaría que está “cerrando ciclos”. Ambos conservarían las fotos privadas durante un tiempo peligrosamente largo y cinco meses después alguno respondería una historia con un “jajaja” completamente innecesario.
Shakespeare les dio familias enemigas.
Nosotros les dimos internet.
Francamente, no sé quién fue más cruel.


Lo que me he reído con este artículo...🤣pero bastante realista en lo que respecta a el amor en la actualidad.
TODAVÍA NADIE HA FIRMADO. PUEDES SER EL PRIMERO.