Hoy hace 43 años Kiss hizo algo que, durante buena parte de los setenta, parecía tan improbable como ver a Batman llegar a una rueda de prensa en sudadera: mostró la cara.
El 18 de septiembre de 1983, Paul Stanley, Gene Simmons, Eric Carr y Vinnie Vincent aparecieron en MTV sin el maquillaje que había convertido a Kiss en una mezcla de banda de rock, pandilla interplanetaria y negocio de piñatería. Era la presentación pública oficial de la nueva etapa y coincidía con el lanzamiento de Lick It Up. Para una banda que había pasado años evitando fotografías sin pintura, aquello era prácticamente bajarse los pantalones en televisión.
Y lo mejor es volver a mirar hoy todo ese asunto porque el gran escándalo de 1983 era: “¡Dios mío, vamos a verles la cara!”. Mientras que uno, desde 2026, mira las fotos anteriores y piensa una cosa completamente distinta: un momento, ¿estos eran los representantes de la masculinidad heterosexual desbordada?
Porque Kiss cantaba sobre sexo, deseo, mujeres, fiesta, conquistar y todas las variantes posibles de “esta noche va a pasar algo”. Pero lo hacía con plataformas, cuero pegado, lentejuelas, escotes hasta el ombligo, botas que hoy necesitarían permiso de construcción y cuatro caras pintadas con una precisión que varios participantes de Drag Race mirarían diciendo: “el concepto está bien, aunque falta difuminar”.

Cuatro machos y aproximadamente seis kilos de cosméticos
Kiss nunca pretendió verse normal. Esa era precisamente la gracia. Gene Simmons era The Demon, con la cara blanca, ojos negros, armadura, sangre falsa y una lengua que terminó teniendo más carrera publicitaria que varios músicos. Paul Stanley era The Starchild, estrella negra sobre un ojo, pelo gigantesco y una relación con los escotes que hacía innecesaria la camisa. Ace Frehley era The Spaceman, plateado como electrodoméstico premium del futuro. Peter Criss era The Catman, porque aparentemente en algún momento cuatro adultos se sentaron seriamente y dijeron: “Tenemos demonio, estrella y astronauta; falta un gato”.
El Rock & Roll Hall of Fame resume la fórmula como una mezcla del glam de los New York Dolls, la teatralidad de Alice Cooper y melodías pop a lo Beatles. No fue un accidente. Antes de fijar el uniforme negro y plateado, Kiss había jugueteado todavía más directamente con el glam neoyorquino, el color y la androginia. Paul Stanley recordó después que, al compararse con los delgadísimos New York Dolls, ellos parecían “linebackers in drag”, y que por eso decidieron abandonar parte de aquel colorido para construir identidades más gráficas, de cómic, horror y ciencia ficción.
Es una decisión maravillosa: “Muchachos, esto se está viendo demasiado drag. Quitémonos esos colores inmediatamente y pongámonos pintura blanca, estrellas en la cara, plataformas, cuero, taches y hombreras espaciales”.
Solucionado.

Una época en la que ser macho requería muchísimo secador
La mirada actual hace muy divertido todo el hard rock y el glam de aquellos años porque las señales culturales de masculinidad estaban organizadas de otra manera. Un tipo podía cantar “te voy a volver loca esta noche” mientras llevaba el pelo hasta media espalda, pantalones más apretados que una mala deuda y suficiente laca para alterar el clima de un municipio, y dentro del código del género aquello seguía significando testosterona industrial.
Después llegarían Mötley Crüe, Poison, Cinderella y medio Sunset Strip a perfeccionar el asunto: hombres obsesionados con mujeres compitiendo entre sí para ver cuál tenía el cabello más bonito.
Kiss había ayudado a abrir esa puerta. El maquillaje no era un detalle decorativo: era parte del producto. Durante años protegieron la identidad sin pintura, incluso cubriéndose la cara cuando aparecían fotógrafos. El disfraz permitía además que cada integrante fuera músico, personaje, logo y juguete al mismo tiempo. Demon, Starchild, Spaceman y Catman podían pasar del escenario al cómic, de ahí al muñeco y después a prácticamente cualquier objeto que Gene Simmons encontrara desocupado.
Por eso quitarse el maquillaje no fue simplemente lavarse la cara.
Fue cerrar una tienda.

El 18 de septiembre se acabó el misterio
Para 1983 la banda necesitaba mover algo. Peter Criss y Ace Frehley ya no estaban, la popularidad estadounidense había caído y los discos anteriores no habían devuelto a Kiss al tamaño monstruoso que tuvo en los setenta. Paul Stanley empujó la idea de salir sin maquillaje; Gene Simmons no estaba convencido. Finalmente aparecieron en MTV y enseñaron oficialmente las caras. Simmons contó después que estaba muerto del susto. Stanley, en cambio, recordaría el momento como algo menos monumental porque ya no estaba reunida la formación original sobre la que se había construido buena parte del misterio.
La jugada funcionó. Lick It Up salió ese mismo día y rindió comercialmente mucho mejor que Creatures of the Night. Stanley dijo después que aquello demostraba hasta qué punto la gente “escucha con los ojos”: él mismo consideraba superior a Creatures, pero el cambio visual consiguió que el público volviera a prestar atención.
Ahora, uno podría imaginar que quitarse el maquillaje convirtió a Kiss en cuatro contadores de Connecticut.
No.
Se quitaron la pintura y debajo había más rock de peluquería. Pelo inflado, cuero, pecho afuera, pañuelos, botas y Paul Stanley continuando su larga investigación científica sobre cuánta ropa puede dejar de ponerse un hombre antes de que técnicamente ya esté en vestido de baño.
Eso es lo maravilloso de la famosa era sin maquillaje: Kiss se desmaquilló sin volverse discreto. Era como quitarle las luces navideñas a un casino de Las Vegas y descubrir que el edificio seguía teniendo forma de pirámide.

Kiss entendió que el género también era vestuario
Visto desde hoy, sería facilísimo hacer el chiste flojo de “mire cómo se vestían esos machos”. Pero Kiss es más interesante precisamente porque demuestra que esas reglas siempre han sido bastante arbitrarias.
Su imagen era excesiva, sensual, teatral, agresiva y camp al mismo tiempo. Podían vender una fantasía heterosexual descaradísima mientras Paul Stanley se movía por el escenario con plataformas, maquillaje, joyería, pelo hasta los hombros y poses que hoy entrarían perfectamente en un lip sync for your life. Eso no debilitaba la fantasía masculina de Kiss. Era la fantasía masculina de Kiss.
Gene podía escupir sangre vestido como demonio BDSM. Paul podía parecer una vedette cósmica. Ace podía llegar plateado desde Saturno. Peter podía ser literalmente un gato. Y luego los cuatro salían a cantar Rock and Roll All Nite dentro de una cultura rockera que entendía todo aquel despliegue no como contradicción, sino como exceso masculino.
Eso es lo que envejeció tan deliciosamente.
Kiss nunca necesitó parecer un grupo de tipos normales. Necesitaba parecer más que un grupo de tipos. Más grandes, más sexuales, más ruidosos, más absurdos, más reconocibles desde la última fila de un estadio. Si para conseguirlo había que ponerse tacones industriales, pintarse como una villana intergaláctica y pegarse veinte kilos de metal al cuerpo, pues se hacía. Había que ser hombre, sí, pero tampoco había que volverse aburrido.
Quizá por eso la escena del 18 de septiembre de 1983 sigue siendo tan buena 43 años después. El gran truco no fue que por fin viéramos qué había debajo del maquillaje. El truco fue descubrir que, sin maquillaje, seguían siendo Kiss: una banda capaz de convertir deseo adolescente, cómic, horror, sexo, fuegos artificiales y vanidad masculina en una franquicia mundial.
Hoy vemos las plataformas, las estrellas, el cuero y aquella cantidad criminal de pelo y tenemos categorías distintas para leerlo. Podemos encontrar drag, glam, camp, androginia, macho rockero y superhéroe barato ocurriendo simultáneamente.
Ellos probablemente lo habrían explicado de una manera mucho más sencilla.
Había que verse hijueputamente espectacular.


TODAVÍA NADIE HA FIRMADO. PUEDES SER EL PRIMERO.