Hay una manera muy cómoda de mirar el Petronio Álvarez: uno llega, se toma un viche, come hasta perder cualquier noción de responsabilidad, escucha una marimba, baila con una confianza corporal que probablemente no merece y después se devuelve para la casa convencido de haber participado en un festival cultural.
Bacano.
El problema es que mientras usted estaba decidiendo si compraba otro arrechón “para llevar”, había gente jugándose buena parte de la economía del año en esos seis días.
Por eso, cuando el terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto obligó a suspender la edición número 30 del Petronio, programada del 12 al 17 de agosto, lo que desapareció no fue solamente una programación musical. Se cayó de un momento para otro un mercado gigantesco que ya estaba abastecido, cocinado, comprado, fabricado, embotellado y financiado. La Ciudadela tenía cerca del 90 % de su montaje listo y el festival esperaba recibir más de 2.000 artistas y 202 portadores y portadoras de tradición.
El festival pudo decir “se suspende”.
La mercancía no.
La señora que ya había comprado pescado no podía reunirse con el pescado y explicarle: “vea, hubo una emergencia, entonces nos vemos en noviembre”. El pescado tiene pésimas habilidades para manejar crisis empresariales.
Y ahí empieza realmente esta historia.

El Petronio también es una quincena gigantesca
A veces hablamos de los festivales como si la cultura ocurriera exclusivamente arriba de la tarima. La agrupación toca, la gente baila, salen las fotos bonitas y todos felices. Pero el Petronio hace rato dejó de ser solamente un concurso de músicas del Pacífico.
Es una ciudad temporal.
En 2025 pasaron por su programación y espacios descentralizados más de 800.000 personas. Cerca de 200 portadores de tradición registraron ventas aproximadas de 8.000 millones de pesos, mientras el impacto económico total para Cali fue estimado en más de 20 millones de dólares. Un año antes, la Alcaldía había calculado alrededor de 7.000 millones de pesos en ventas dentro de los stands y un impacto cercano a los 60.000 millones para la ciudad.
Es decir: la marimba suena precioso, pero alrededor de la marimba también hay datáfono.
Hay hoteles, transportes, ingredientes, proveedores, diseñadores, cocineras, maestros vicheros, artesanos, luthiers, estilistas, productores, meseros, gente que carga cosas, gente que fabrica cosas y gente que pasó meses preparando inventario porque sabe que agosto es cuando aparece una multitud con hambre, curiosidad y algo de plata disponible.
Eso también es patrimonio.
Porque hay una costumbre medio mañosa de romantizar los saberes tradicionales siempre que no hablemos demasiado de plata. Nos encanta decir “ancestral”, “memoria”, “raíces”, “saberes”, pero apenas aparece una cuenta de cobro parece que la tradición se hubiera vuelto ordinaria.
Pues no, hermano.
Una tradición que no permite vivir a quienes la sostienen termina dependiendo de que sus portadores trabajen gratis para que los demás podamos emocionarnos.
Y eso sí sería una hijueputada.

El Guabal: el festival después del festival
De ese hueco nació Juntos por el Pacífico, una iniciativa ciudadana que se tomará la cancha del barrio El Guabal los días 18, 19 y 20 de septiembre.
No intenta fingir que puede reemplazar el Petronio. Sería ridículo. Es como suspender Cosmocentro y decir que uno lo reconstruyó poniendo cuatro mesas y una sombrilla en el antejardín.
Lo interesante es precisamente otra cosa: demostrar que la economía cultural puede reorganizarse por pedazos.
La propuesta habilitó 50 stands gratuitos con energía para emprendimientos del Pacífico y anunció también 15 espacios para iniciativas de habitantes de la comuna 10. A comienzos de septiembre, los organizadores ya habían recibido alrededor de 150 solicitudes de personas interesadas en participar. Habrá gastronomía, bebidas tradicionales, artesanías, saberes y programación cultural, incluidos arrullos.
La cifra de 150 correos para 50 espacios explica el problema mejor que cualquier comunicado lleno de palabras como “reactivación”.
Hay demasiada gente necesitando vender.
Porque detrás de “productos represados” hay una frase menos elegante: plata quieta.
Materia prima que ya se pagó. Botellas que ya existen. Artesanías terminadas. Insumos comprados. Comida planeada. Transporte presupuestado. Tiempo invertido. Uno puede amar profundamente la cultura del Pacífico y al mismo tiempo deber el recibo de la luz. Ambas cosas caben perfectamente en la misma persona.
Juntos por el Pacífico llama a esto una dinámica de etnoeconomía circular: comprar dentro de estas comunidades para que el dinero siga circulando entre quienes producen y sostienen esos saberes.
Dicho sin corbata: vaya, coma, compre y no se haga el marica diciendo que “qué proyecto tan bonito” mientras guarda la billetera.

Un directorio porque Instagram no paga el mercado
La respuesta tampoco se quedó solamente en El Guabal.
El directorio ciudadano Petronio por Siempre reúne actualmente 170 emprendimientos en seis categorías: cocinas tradicionales; mecatos, dulces y refrescos; bebidas autóctonas; artesanías y luthería; estética del Pacífico; y narrativas, memoria y oralidad. La lógica es elemental: conectar comprador y productor directamente, sin comisión.
Es una solución sencilla para un problema raro de nuestra época: puedes ser parte fundamental de uno de los eventos culturales más grandes de Colombia y, cuando el evento desaparece, volver a ser prácticamente invisible.
El festival concentra la atención.
El directorio intenta repartirla durante el resto del año.
Y esa diferencia importa porque nadie puede vivir doce meses de una foto que alguien subió en agosto diciendo “qué orgullo nuestras raíces”.
Las raíces también comen.
Además han aparecido otras salidas. Más de 120 portadores y emprendedores viajaron a la Feria del Hogar en Bogotá como alternativa de comercialización, mientras otros emprendimientos hicieron jornadas más pequeñas en lugares como San Antonio.
No es una recuperación completa. Son salvavidas.
Y justamente por eso dejan ver el tamaño del barco.

Cuando se apaga la tarima queda la gente
La tragedia además produjo una paradoja brava. La misma Ciudadela que iba a recibir el Petronio terminó convertida en centro de acopio bajo la estrategia Petronio Solidario, primero para apoyar a familias damnificadas por el terremoto y después también a portadores afectados por la suspensión.
Culturalmente, la imagen es poderosa sin necesidad de ponerle violines de documental.
El espacio preparado para celebrar al Pacífico terminó sirviendo para auxiliar al Pacífico.
Pero después de la solidaridad inmediata viene una pregunta más aburrida y por eso más importante: ¿de qué vive la gente el mes siguiente?
Ahí es donde El Guabal se vuelve interesante.
No porque vaya a aparecer mágicamente otro Petronio en una cancha durante tres días. No va a pasar. El propio festival está proyectado para regresar en noviembre en un formato más pequeño e íntimo, según lo anunciado por la Alcaldía.
El Guabal importa porque muestra lo que normalmente queda escondido detrás del espectáculo: el Petronio existe antes y después del Petronio.
Existe cuando alguien prepara una receta aprendida de su familia. Cuando otro fabrica un instrumento. Cuando una mujer embotella una bebida. Cuando alguien trenza, cose, talla, cocina, diseña o cuenta una historia y necesita convertir ese conocimiento en ingreso para poder seguir haciéndolo.
La cultura no se conserva metiéndola en una urna y poniendo un letrero que diga PATRIMONIO, NO TOCAR.
Se conserva cuando alguien puede vivir de practicarla.
Del 18 al 20 de septiembre habrá gente intentando hacer exactamente eso en El Guabal: recuperar en una cancha de barrio una parte de lo que un terremoto les quitó en una ciudadela entera.
Así que tal vez el Petronio de 2026 sí ocurrió.
Solo que ocurrió vuelto mierda, repartido por Cali, metido en directorios, ferias, puestos, ollas y botellas, buscando compradores donde antes tenía cientos de miles de personas pasando por delante.
Y, pensándolo bien, esa puede ser la prueba más clara de que el Petronio nunca fue solamente una tarima.
La tarima se apagó.
La gente siguió trabajando.


TODAVÍA NADIE HA FIRMADO. PUEDES SER EL PRIMERO.