Antonia está en sexto de bachillerato y ya tiene varias cosas bastante claras.

Por ejemplo, que le gusta El Cuarteto de Nos, que estudiar no es simplemente una obligación sino una especie de obsesión, y que existen dos alimentos que perfectamente podrían desaparecer del planeta sin hacerle ninguna falta:

la cebolla y los champiñones.

Practica tenis de mesa, ama su cabello corto y abundante y vive en ese extraño equilibrio adolescente en el que una habitación puede estar perfectamente ordenada y, cinco minutos después, parecer escenario de una investigación criminal.

También quiere ser negra como su mamá.

No porque esté intentando parecerse a alguien distinto, sino porque a esa edad uno empieza a descubrir de dónde viene, qué cosas admira y cuáles pedazos de la gente que quiere también quisiera llevar consigo.

Antonia escribe.

Y aquí aparece como Jueves de Jueves, un nombre que todavía puede significar muchas cosas y precisamente por eso funciona.

Sus textos pueden venir de la imaginación, de lo que observa, de lo que piensa cuando debería estar pensando en otra cosa o de esas preguntas que aparecen cuando uno está creciendo y todavía no ha aprendido a fingir que tiene todas las respuestas.

Esta habitación será su espacio para probar, equivocarse, escribir mejor, cambiar de opinión y volver a empezar.

Sin necesidad de pedir permiso para imaginar.

En Puerco Motel tampoco necesita recepción.

Es la de la 804.